sábado, 8 de junio de 2019

El mundo vibra constantemente. Y esa vibración emite un sonido mudo, constante, total... los humanos parecen haberse habituado a él, actúan como si no lo escucharan y cuando hago alusión a este sonido me miran extrañados y algo asustados, como si se encontraran frente a alguien a punto de enloquecer.

Hay días en que siento todo tan fuerte que el sonido del mundo se hace intolerable y desearía morir para huir de él... requiero silencio, calma... pero me encuentro confundida vibrando a gritos dolor y rabia.

El mundo parece un mal lugar para vivir, me extraño de ver a los humanos funcionando tan bien, ignorando el dolor que llena cada rincón de la tierra. Han aprendido -de una forma que ignoro y que tal vez ansío- a separarse de la totalidad y sentir únicamente lo que le compete a su cuerpo material, preocupándose con algo de suerte solo de aquellos que le son más allegados. No oyen el sonido del mundo, no sienten la agonía de los demás -tampoco su felicidad- y parece que esto se ha constituido en un mecanismo defensivo que les permite tolerar la existencia en este lugar.

Por otra parte, esa misma separación de la totalidad les permite dañar de formas inimaginables a la naturaleza y a las personas sin sentir absolutamente nada...

Este mundo me abruma en infinitas maneras y mi mente, harta del sonido y el dolor, solo busca desesperadamente la paz.

Alguna vez escuchaste el sonido del mundo.
Sé que ahora sientes la herida en mi pecho 
El dolor

domingo, 3 de marzo de 2019

La vida se diluye poco a poco en la rutina
El gris parece el color natural del mundo.

La agonía voló con las gaviotas
La vida se fue entre sus plumas...






miércoles, 30 de enero de 2019

Colapsos

Tengo una vocación que quizás sea mi condena.
Una sobre empatía que me va quebrando de a poco...




Tengo frente a esta persona indefensa, desestructurada, envuelta en el caos más absoluto, con el cuerpo convulsivo y el sinsentido a flor de piel y tengo que calmarla, tengo que contenerla y decirle que todo estará bien... aunque no lo sé. La tranquilidad vuelve de a poco... la crisis a pasado, la "bella indiferencia" se apodera de ella, el mundo vuelve a ser un lugar habitable y su frágil psique vuelve a funcionar "como se esperaría".

Yo tengo que seguir mi camino... y lo sigo. Estuve donde tenía que estar, hice lo que tenía que hacer... pero algo de eso se quedó en mi... y ya no me deja vivir.

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Siento que no puedo más con tanto dolor que debo presenciar, tantas heridas abiertas, tantos niños que sufren al punto de perderse y no poderse encontrar, al punto de convulsionar y romperse a sí mismos, al punto en que no pueden más... Siento que no tolero este rol que tengo, la respuesta estatal para intentar enmendar el daño que otros han ocasionado... el estado es el mayor vulnerador de nuestros niños; los vulnera cuando no los protege, los vulnera cuando no hace justicia por ellos, cuando deja libres a sus abusadores, cuando cuestionan sus relatos quebrados por el dolor, cuando no les da atención que necesitan, cuando se olvida que son personas y solo los ve como un número al que hay que responder...

No quiero seguir siendo parte de esto, no quiero seguir presenciando el dolor en este estado, no quiero seguir siendo un ensamblaje más en la inoperante máquina estatal que se llena la boca al hablar de los derechos del niño pero no hace más que vulnerarlos una y otra vez...

Y sin embargo ¿Qué hacer si no?


domingo, 25 de noviembre de 2018

27

La vida es tan  rápida...
Es la primera vez que no tengo tiempo para reflexionar por mi cumpleaños.
Es la primera vez que cumplo años en otra ciudad, lejos de todos y a la vez rodeada de quienes amo.

Cumplí 27 el 30 de Octubre, y recién hoy puedo parar a escribir y recordar.
Pienso si vale la pena todo...

De a poco la vida me va mostrando un sentido que está más allá. Parece que todo se resume al día a día, la rutina y los pequeños cambios que hacemos en ella, las pequeñas decisiones que vamos tomando y, de una forma u otra, definen quienes estamos siendo.

Tengo una tentación tremenda de abrir las alas e irme lejos, pero amo tanto aquí y soy tan amada que creo que no vale la pena alejarme de esto. De tanto en cuando lo siento de nuevo, el mundo viaja y parece que yo echo raices... y me doy cuenta que nunca pensé que haría eso. Me da pánico el tiempo que avanza sin que yo cambie más que los momentos. Y al mismo tiempo siento que quizás no hay más que eso.

Siempre quise viajar y ahora siento que eso es mucho más una huida que un vuelo.
Veo a otros hacerlo y lo quiero, pero siento mi vida aquí con amor y no quiero perderlo. Por otro lado hay algo más superficial y agotador; el trabajo constante y el ritmo frenético.

Cambié de trabajo de nuevo, casi una hora me toma llegar al lugar, está en otra ciudad, en otra región, con otra gente. He conocido tantas personalidades en este último tiempo, me sorprende lo diferentes que somos todos y lo ajenos que me resultan todos. De tanto en tanto veo a alguien que me parece especial y aún más frecuentemente veo gente que me hace desconfiar... las personas están tan dañadas y tienen tanto miedo que van por ahí dejando un camino de malas intenciones con los demás... para protegerse a ellos no les importa que pase con los demás... y últimamente yo soy "los demás".

¿Hay algún límite para decepcionarse de la humanidad?
Lo más difícil de mi nuevo trabajo ha sido tener que soportar constantemente ver la sombra tras la máscara de todos y como actúan sin importarles nada más. Estoy cansada de interactuar con tanta sombra tras una sonrisa, con tanto daño y dolor en mis pequeños pacientes.... ¿cómo pudieron hacerle esto a ellos? ¿En qué momento las personas pueden ser capaces de las mayores atrocidades contra indefensos niños que, además muchas veces son sus propios hijos o parientes? veo entonces a esas personas "malas" y parecen tan extrañamente normales que temo que todos pueden ser uno de ellos... veo compañeros actuando también en función de esa sombra... y pienso cuando yo misma actuo así... somos tan lábiles los humanos.... necesitamos tanto afecto y consideración...

Quizás este sea el año que más he crecido, me cambié de ciudad, comencé a vivir con mi pareja, estuve como dueña de casa unos meses que me hicieron reflexionar y volver sobre asuntos inconclusos, encontré un trabajo y tuve que dejarlo, agradecida de ya no tener que ver a esas personas... encontré otro trabajo que se acerca más a lo que quiero hacer, pero a la vez significa un peso, una responsabilidad y un dolor que me es dificil manejar... He trabajado como nunca antes en mi vida y he debido lidiar con todos mis procesos en la compañía de mi pareja... algo que nunca imaginé antes, que alguien estuviera ahí, conmigo, en los peores momentos que he tenido... y siga conmigo aun despues de eso.

Este ha sido EL año, ya se acaba y no sé bien cómo quiero dirigir mi vida hacia el siguiente... las cosas son tan complicadas a veces... pero pareciera que no debo hacer tanto esfuerzo, la vida a veces no necesita tanta dirección como compromiso a seguir sus señales.

Estoy extrañamente enamorada de todo lo que tengo ahora
Solo quiero más tiempo para disfrutar esto.



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viernes, 19 de octubre de 2018

Retorno

Me siento al borde de un ataque de pánico constante.
A la vuelta de la esquina puede estar el colapso...

No quiero más cambios, no quiero que el mundo siga avanzando...
Todo se mueve y me siento demasiado agotada como para saber que hacer
Sigo por inercia el camino ya marcado, pero presiento que he vivido mucho tiempo al borde del abismo

¿La crisis ya me va a devorar?

Este blog no se mueve
y yo necesito una roca firme 
por eso vuelvo

sábado, 27 de mayo de 2017

Primera Sesión

He estado desaparecida... 
Rota más bien diría

He dejado una huella de sangre por donde he pasado
Pero la gente solo ha visto la sonrisa melancólica...





Hoy tuve mi primera sesión de psicoterapia. La oficina quedaba lejos, muy lejos... casi llegando a la cordillera, en un lugar donde los edificios casi topan el cielo, donde hay muchos, árboles, mucho pasto... un lugar donde el canto de los pájaros no se ahoga en el ruido de la ciudad... era como estar en otro Chile, uno donde se puede admirar la cordillera, se puede estar cerca de la naturaleza, se puede ver cosas lindas donde la mirada se pose... 

Era una extraña en el barrio, miraba a todas partes, no me quería perder nada; los edificios, los pequeños jardines, los grandes parques, las flores maravillosamente mantenidas, el pasto que definitivamente es más verde que en las otras comunas...

En ese contexto llego a la oficina de mi psicóloga, una mujer amable, aparentemente sencilla que trabaja con algo de lo que no sé mucho; caja de arena. La primera sesión le cuento un poco de mi vida, con la voz quebrada, en un llano de exactos 40 minutos, salgo de ahí igual de triste que como llegué... pero con la esperanza de que podrá ayudarme. Me admiro de lo hábil que fue para cortar la sesión en el tiempo justo sin hacerme sentir limitada o poco acompañada... eso me da confianza. 

Salgo de la oficina y vuelvo al mundo de cuentos de hada donde todo es perfecto, no hay basura en las calles ni grafitis en los muros. Hay niños jugando en los parques y muchos autos en los estacionamientos de los colegios porque al parecer se estila hacer actividades familiares los domingos. Hay colores, cordillera, sol, vida... Decido caminar 30 minutos explorando el lugar todo es tan lindo, saco fotos por aquí y por allá, no tengo miedo de que alguien me robe el celular y me siento libre de una forma nueva... cuando mi cuerpo no da más me subo a una micro... vuelvo a los lugares conocidos... el verde se apaga igual que la cantidad de vidrio en los edificios, aparece más gente, cada vez más cansancio en sus rostros... me acerco a mi parada y decido no bajar porque algo en mi no quiere quedarse con la linda sensación del paisaje que he visto. La micro emprende su recorrido "plaza Italia para abajo" conozco todo, el contraste aún no es muy grande solo más gris y más gente amontonada, cada vez la micro baja un poco más... la estética se pierde igual que el verde, la gente tranquila paseando ya no existe, hay trabajadores, gente corriendo, gente intentando caminar por entre el tumulto, gente siendo tumulto... la micro dobla y entro en la zona desconocida; tengo miedo, no conozco nada, no puedo sacar el celular libremente, no hay verde, todo es gris incluso la cara de la gente, hay basura en las calles, hay grafitis por todas partes, el espacio parece pequeño, las casas se amontonan, se observa el paso de los años en cada desteñida construcción... solo hay dos pasajeros más en la micro, dos vagabundos, las construcciones se pierden, las calles se hacen pequeñas y entonces siento miedo y bajo a la primera que veo el signo del metro; mi viaje acabó.

Me subo al metro y vuelvo a mi casa. 

No puedo olvidar los contrastes que vi hoy... no puedo olvidar que, si sigo yendo a esta terapia gastaré en cuatro sesiones más del sueldo mensual de muchas de esas familias, no puedo parar de pensar en los contrastes que hay en el mundo, en la vida... y en mi mente. 

Ha llegado la hora de bajar a mis propios suburbios... ha lo que he dejado fuera, las partes menos lindas de la psique, las olvidadas mientras intentaba ser la niña perfecta... Ahora comienzo a descender... mi propio viaje "plaza Italia hacia abajo", ahí donde se forja la vida de las personas que más vale la pena conocer en la vida; los que han pasado por su infierno y han salido de él.