miércoles, 15 de mayo de 2013

Fin

Se sentó lentamente en la silla del comedor sin dejar de mirar a Gerardo. Parecía hipnotizada por algo que no lograba ver, como si buscara algo en un hueco de ausencias y se asomara en él mirando un horizonte lejano... como si esperara ver en ese horizonte un sol que ya no existía. Así estaba Isabel en la silla del comedor.

Gerardo, en tanto,  sentado en el sofá veía el fútbol de cada sábado y gritaba contra los árbitros como si pudieran escucharlo. No sintió a Isabel cuando entró en la habitación y mucho menos cuando se sentó en una silla cerca de él, no se dio cuenta cuando Isabel comenzó a llorar y tampoco cuando paró. 

- ¿Cuando te fuiste viejo?-preguntó Isabel con nostalgia.
- ¿Cómo que cuando me fuí? ¿no me vei' que estoy acá?

Ahí estaba Gerardo, con su chaleco gastado y su taza de café, en la misma posición expectante de cada sábado pero con el pelo más blanco que ayer.  Isabel dejó su tejido sin comenzar, se acercó a Gerardo, tomó su cara con ambas manos y miró sus ojos en profundidad, quería encontrar algo en el fondo de sus pupilas, algo que explicara el motivo de todo ese tiempo, el secreto de esos años, lo que tanto los había unido... pero ya no lo encontró. 

Voy a buscarte -dijo Isabel- mientras salia por la puerta para nunca más volver.


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