sábado, 8 de marzo de 2014

La nostalgia me devora cada mañana. Es cansado despertar día por medio con la sensación de tu cuerpo bajo el mío. Es así; abro los ojos y toda yo estoy en esa posición de medio abrazo: mi brazo rodeándote, mi pierna sobre ti a la altura de la entrepierna y mi cabeza apoyada en tu pecho. Despierto en esa posición y siento tu olor (¡oh! ¡Como amo tu olor!)  y busco tu cabeza, quiero acariciar tu pelo suavemente pero no lo encuentro y abro los ojos y no estás allí. Entonces recuerdo que la vida no es un sueño y que llevo meses sin ti, que mi corazón aún duele y aún te ama. Entonces veo que es otro día que resistir.  Me levanto y veo mi cama a lo lejos, recuerdo cuando estabas en ella junto a mí. Recuerdo la última vez que te vi; solo, de espaldas a la puerta. La noche anterior me había dormido llorando en la otra habitación, el miedo y la rabia se habían mezclado de una forma extraña en mi corazón, pero entonces te vi ahí, dormido como un niño y solo pude acostarme a tu lado y abrazarte y besarte... Pero hoy no estás y mañana tampoco.  Y me pregunto cuanto más podré sobrevivir sin ti, cuanto más me despertare con esta sensación solo para enfrentar el vacío que has dejado en mí… 



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