sábado, 26 de abril de 2014

Que sabio el destino que los aleja de ti. Que sabias decisiones toman los que dicen quererte.
Lo saben, lo presienten desde lejos, quizás incluso desde el día que te conocieron, desde entonces, tímido, escondido, el temor a ser otro muñeco roto en la historia de tus colapsos. Aquí estás ahora, viendo como se van uno tras otro antes de que puedas arrancarles los ojos y amarrarlos a tu dependencia.

Que sabia, sabia es la vida.

Llevas escrito en cada trozo de piel el peligro que eres, tu habilidad para hacer sufrir. Y luego te escondes tras un mar de lágrimas... como si eso aliviara en algo las trizas en que conviertes a los humanos, como si eso les quitara el nudo en la vida, la venda de los ojos...

Pero se alejan, irremediablemente se alejan. Y sabes que hacen bien, sabes que es lejos de ti donde más felices serán y eso te duele y eso te alivia y entonces lloras como si lo lamentaras, pero en realidad tu corazón tiene un peso menos; tu capacidad destructiva ha sido confirmada y no deberás hacerte cargo de ningún niño interno con deseos de amar.

¿Quién te ha dolido más? ¿Cuantos meses llorarás esta vez? ¿te queda algo en el alma ahora?
Que vacía es la vida, que terrible cuando no lo está
No hay salida de tus infiernos porque va oculto en tus espejos
mira tus uñas manchadas en sangre
saborea en tu boca sus lagrimas de sal
siente, siente como todo tiembla por tu culpa
y observa los cataclismos que dejas atrás
¿por qué sigues? ¿por que sigues?
¿No es suficiente el daño que has causado ya?
¿Quieres aun que los que amas sufran?
¿Quieres encontrar alguien más a quien destrozar?

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