martes, 29 de julio de 2014

Rutina

CaféMe preparo un café mientras pienso en este día de mierda, lleno de cosas que no quiero hacer. De partida tengo que levantarme cuando yo solo quisiera quedarme en la cama para siempre... ¡Ah! que tedio, que cansancio, que desanimo de vivir este hoy

¿Cuando mi vida se convirtió en esto? 
¿En que momento perdí mis ganas de vivir? 


Tengo que ir a la casa de Alessandra ¡cómo detesto a esa mujer! su parloteo incesante, su casa de murallas pulcras, sus arrugas mal camufladas tras kilos de maquillaje... "Es por tus hijos" me repito incesantemente, pero a veces pareciera que eso no basta

¿Soy un mal padre por eso? 

A veces realmente odio ser padre, aunque las ame a ellas... odio estas responsabilidades, tener que levantarme con todo este calor, atravesar la ciudad entera para ver a alguien como Alessandra y así poder pagar la hipoteca, los colegios, los doctores, la comida...

¿Dónde están mis ganas ahora? 
¿En que lugar se han escondido? 

Subo sin animo al segundo piso de una casa que se cae a pedazos mientras pienso que debo ir al banco antes de que cierren y comprar el regalo de cumpleaños de mi madre. Entonces me encuentro a Yeudiel ya vestida en mitad del pasillo. Me sorprende lo rápido que ha crecido, hace solo unos meses debía vestirla y peinarla, prepararle sus cosas para ir a la escuela... ahora me mira enfadada; reclama que Adamit ya tiene hambre y que yo tengo la cara de quien no duerme hace siglos.

¿Cuando fue la ultima vez que dormí plácidamente?
¿Fue la noche antes de que ella se fuera?

 Me causa gracia verla así, tan pequeña y mandona, se parece a su madre... por eso la amo, por eso sufro un poco cada vez que la veo y al mismo tiempo me lleno de alegría... Ella vive en Yeudiel y Adamit. 

Supongo que esto es la vida... realmente estaba equivocado cuando quería crecer. ¿Será así para todo el mundo? ¿Vivirán lo mismo las personas de Asia o América? ¿mirarán sus cafés antes de enfrentar el día y se preguntarán que fue de la persona que una vez quisieron ser?

Dejo a las chicas arriba y bajo a terminar mi café, quizás pase a ver a Alessandra primero y luego con la excusa de visitar un banco pueda irme más pronto de ahí... Mis pensamientos son cortados en seco por un extraño sonido que atraviesa el cielo y un estruendo que parece retumbar en todas partes. La tierra tiembla. ¿Qué fue eso? Escucho a Adamit llorar y otro estruendo aun más fuerte que el anterior. Mis hijas gritan. ¿Que sucede? Subo corriendo por mis niñas, veo a Yeudiel  abrazando a su hermana,  veo el miedo en sus ojos, siento el miedo en mi sangre, los sonidos se agolpan uno tras otro la tierra tiembla. Sson explosiones, una tras otra ¿pero de qué?. Bajo con mis niñas al primer piso, las abrazo y espero a que todo acabe pero el tiempo parece detenido entre estruendo y estruendo, este segundo no acabará más nunca. Salgo de mi casa, veo a mis vecinos y palpo su miedo, mi miedo. Nos atacan Usama! Nos atacan, grita mi vecino al tiempo que una explosión destroza la casa de la esquina.


Explosion of childrenNos atacan, nos atacan...

Veo a mis hijas llorando sin comprender nada ¿Quién nos ataca? las abrazo fuerte. Todo va a pasar les digo sin esperanzas. La vida acaba de cambiar y quisiera volver a hacerme el café y pensar en dejar a mis hijas en su escuela, visitar a Alessandra e ir al banco. La rutina que hace unos minutos odiaba hoy es el lugar más seguro que puedo imaginar...

Un nuevo estruendo sacude la ciudad. Nos atacan ¿por qué nos atacan? Adamit llora desconsolada, Yeudiel quieta como una estatua grita el pánico por los ojos ¿Qué debo hacer? ¿Dónde ir? La tierra que me dio cobijo hoy es el blanco del odio ajeno. Mis vecinos corren y yo tomo a Adamit en un brazo y doy la mano a Yeudiel para comenzar a correr también... no sé donde voy, solo los sigo a ellos. Aquí no es seguro, pero ya no sé que lugar lo es...


sábado, 12 de julio de 2014

Lourdes

Lourdes caminaba por la acera cubierta de nieve

Lourdes
            Lourdes
                        Lourdes
                                   Lourdes
                                               Lourdes
                                                           Lourdes
                                                                       Lourdes
                                                                                  Lour…

Y  justo cuando pronunció su nombre por octava vez, un perro blanco con una mancha negra en el lomo cruzó la calle para morir trágicamente atropellado al otro lado. Lourdes terminó la pronunciación de su nombre y quieta en medio de la nieve observó sin acercarse, el cadáver inerte de aquel animal antes tan vivo. 

Soy Lourdes -repitió segura- Lourdes, Lourdes...

 Lourdes, nombre de virgen y trapecista de circo, nunca se acercó al perro, nunca pensó en que fue del perro antes de morir, nunca pensó que hubiese pasado si ella hubiese sido aquel perro, ni que hubiese sido de aquel perro si él hubiese sido ella. Lourdes nunca piensa en esas cosas porque está ocupada repitiendo su nombre mentalmente para alejarse de aquel mundo tan hiriente y frío.

Lourdes
 Lourdes
 Lourdes...

Continuó caminando por la misma acera, repitiendo su nombre infinitamente, rodeada de un halo nebuloso que no la dejaba ver. Allí estaba Lourdes, caminando como siempre a un lugar más que conocido a encontrarse con los seres habituales, para para fingir sonrisas sinceras y miradas interesadas, para coquetear con quien no sabía y acabar en la cama con otro que se pareciera a ella, con otro a quien llamar Lourdes mientras arañaba por la espalda y se hundía en sí misma

¡Lourdes!
¡Lourdes!
¡Lourdes!

Tendida en la oscuridad de un sueño lejano Lourdes recibe las caricias noctambulas de un cuerpo que le resulta ajeno, entonces súbitamente cesa la repetición mental de su nombre y es brutalmente expulsada de ese cálido rincón en su mente. 

Se incorpora rápidamente y ve a su lado a un otro que ya no es Lourdes.
Se asusta.
Recuerda el perro que vio morir por la mañana. 
Llora.
Intenta en vano recordar su propio nombre y volver hacia dentro mas no lo consigue. Desespera. 

Lourdes se levanta angustiada de la cama, se asoma al balcón perpleja. ¿Quiénes están tras todas esas luces? ¿Quién es ese cuerpo que la acompaña? ¿Morirán todos alguna vez como el perro de la mañana? ¿Es todo el mundo esa finitud?

Lourdes recuerda su nombre, se aleja del mundo, vuelve hacia adentro. Besa al hombre desconocido que la acompaña duerme soñando que nada existe. Ni siquiera ella.

Lourdes...
Lourd...
Lou...
Lo…
L...
...



miércoles, 2 de julio de 2014

Muerte pasajera

Ayer estuve muerta por 24 horas. Aún no se lo he contado a nadie porque nadie me va a creer, pensé contárselo a Alfredo, pero él es tan concreto como una pared y jamás va a entender que uno se puede morir 24 horas y despertar vivo después. Él cree mucho en unos seres que dicen saberlo todo; "Cien-ti-fi-cos" me dice y siempre repite "es científicamente imposible que bla bla bla”. Con eso de los científicos ya no podemos hablar mucho, no sé en qué momento se hizo un adulto lleno de -como dice él- “conocimientos”.

Bueno el punto es que me morí y aun no logro compartir la experiencia con nadie, porque no sé quién me pueda creer. Tengo ya 24 años y aunque nunca entendí como alguien puede creer que lo "científico" lo es todo, si logre entrar en ese juego y una de las reglas científicas es que lo que no es explicable no existe. Eso me dijo Alfredo cuando le dije que había visto un color que nunca antes había visto y como no se lo pude explicar me dijo que estaba loca... Ahora creo que él está loco porque siempre ha pensado que uno se muere una sola vez en la vida, hasta yo lo había pensado, pero uno no sabe qué tan equivocado puede estar hasta que descubre una de esas cosas "científicamente imposibles".

            Prosigo, mi muerte pasó ayer, duró 24 horas, desde las 9:00 am hasta las 9:00 am de hoy. Supe que estaba muerta cuando me desperté -o creí hacerlo- y no sentí mis células, y luego no tuve ganas de hacer nada. Me levante y me bañé –o creí hacerlo- y vi como a cada paso dejaba una estela como de muerte. Era extraño no sentirse a una misma... me bañe porque era costumbre, pero ahora que lo pienso no sé si me bañé o pensé que me bañaba porque no recuerdo haber sentido que me bañaba, aunque eso puede ser porque quizás los muertos no sienten nada. Después del acto o pensamiento de bañarme estuve totalmente segura de que estaba muerta; no tenia animo ni de respirar ni de estar con los ojos abiertos. "Es depresión" -me dijo la voz de mi tía en la cabeza- pero yo decidí que era muerte porque la muerte debía sentirse como esa ausencia de vida que sentía yo. Como estaba muerta y a los muertos yo siempre los he visto recostados en un ataúd yo me fui a recostar a mi cama, que era lo más cercano que tenía, allí en posición horizontal me asumí muerta y estuve el resto del tiempo así… a veces me caían lagrimas porque tenía pena -creo que fue esa pena la que me rompió el corazón y me mató- pero el resto del tiempo solo estaba allí muerta…

Hoy día a las 9 de la mañana me desperté, el sol brillaba y hacia calorcito, nada que ver con esos días de invierno cuyo frio me recuerda que estoy solita. Hoy me levante y me di cuenta que estaba viva de nuevo y me sentí feliz porque estaba viva, me hice un desayuno súper rico y me bañé harto rato pensando en mi muerte y mi nueva vida. Creo que después de todo si se lo voy a contar a Alfredo porque aunque es científico y me va a decir que estoy loca, me encanta esa forma medio paterno-amistosa en que me hace cariño en el pelo cuando me dice que estoy loca.