martes, 3 de febrero de 2015

La gente camina a mi lado
La gente habla cerca de mí
La gente se abraza
 Se besa
Se mira…
Yo solo estoy ahí.


 Camino torpemente y elevo la mirada, mi mente vuela y visita la cordillera, ve el nacimiento de las nubes, se regocija en la soledad de la montaña y luego vuelve, vuelve a mi cuerpo, a tomar la tarjeta, a subir a la micro, a decir “hola” sin obtener respuesta...

La gente se sienta
La gente camina
La gente se empuja
         Se odia…

Yo quedo lejos, en un mundo ajeno, aislada entre el paisaje de la ventana y el tumulto de la micro. La vida se me va lentamente por los ojos, los suspiros se van volando y se juntan con las nubes allá en el cielo.

Tengo frio aunque el sol me llega en la cara, tengo frío y se me va el alma. Abrazo al frío y me hago frio. Soy frio y recorro el lugar; me poso en las manos de un anciano, en la mejilla de una mujer, en la cabeza de un bebé. Todos me ahuyentan, nadie me quiere. ¡Oh! ¡Qué frío hace! Se quejan y yo vuelvo a mi cuerpo, vuelvo a mis pies, a moverme lentamente a bajar de la micro a enfrentar a más gente.

Bajo la vista, camino lento, veo el cemento gris a mis pies y veo los pies de más gente; pies rápidos, pies coloridos, pies paranoicos, pies perdidos. Los míos saben dónde van mas no saben si quieren llegar…

Mi mente viaja; se va al futuro a buscar sonrisas, a buscar caricias, a buscar razones… pero no las encuentra y vuelve a mi cuerpo, vuelve a los pasos cansados, a la mirada cristalina, a ver el semáforo, a detener mi andar de puro automatismo, a ver el auto gris acercarse, a caminar rápido y no pensar más…



 Mi mente vuela, se va a un lugar distinto, donde no tengo frío, donde no esquivo miradas, donde no temo a los otros, donde no temo a mí misma. Mi mente vuela y  se queda allí, y no vuelve a mi cuerpo, ya no vuelve…