sábado, 5 de marzo de 2016

Algún recuerdo olvidado se ha clavado en mi pecho y ha abierto una herida demasiado grande.
Mi pecho es ahora un vacío profundo del que solo emerge sufrimiento y sal. 

Quisiera saber a qué se deben mis tristezas, pero todo está siempre cubierto de un olvido demasiado inventable como para atreverme a ponerle palabras.


Nada es seguro.
Hay un buen motivo para olvidar...




***





Pienso en la culpa y el inmediato efecto de estremecimiento que la palabra tiene en mi cuerpo. Como si toda yo fuera culpable de algo que aún desconozco… no sé que es, pero es mi culpa.


Lo siento.
Lo siento.
Yo no quería…
“Por mi culpa, 
por mi culpa 
por mi gran culpa”






 ***




Tengo hambre, de esa que hace doler el estómago y temblar el cuerpo… tengo hambre pero no quiero comer… así es mi herida, como el hambre que no quiere ser saciado. Por eso revive cada cierto tiempo, emerge desde el abismo y rompe cualquier indicio de cicatrización

No recuerdes por qué lloras
Pero no olvides llorar
Lo mereces
Es tu culpa.




***





¿Me matas?
¿Me matas un poco?
Solo para olvidar llorar…